No sabemos buscar

Una mañana de sol, dos duendes salieron a caminar por los bosques que rodean el lado Huechulaufquen.

Mientras miraban para adelante, para no encontrarse con ningún turista curioso, se toparon con el señor Agui Lucho, que con su pico les lastimó a cada uno de ellos la frente.

Enojados por el atropello, lo insultaron y le pidieron que  cuando salga la próxima vez a buscar sobras "tenga mas cuidado" con sus amigos, porque era a los turistas a quienes tenía que asustar.

Luego de la discusión con  Agui Lucho decidieron descansar un rato y refrescarse en la orilla del lago, que por el momento estaba menos contaminado que la primera quincena de Enero del año anterior.

Recordaron, mientras bebían un sorbo de agua,  a una chica que durante una semana se baño en el lago y utilizó un acondicionador para el cabello de Sedal que ocasionó la muerte de una familia de truchas.

Con un alto nivel de indignación por los recuerdos siguieron su camino con destino incierto, y para no aburrirse demasiado, se acordaron que cuando eran mas chicos, seguían un camino de hormigas, y trataban de  ayudarlas cortando hojitas caídas de los árboles y dejando ramitas a su alcance para que no tengan que cansarse y puedan refrescarse, como ellos, durante mas tiempo en la orilla de sus lagos diminutos, que eran mas abundantes cuando llovía en la zona.

Y otra vez se volvieron a acordar de  una señora gorda que apoyó, la segunda quincena de Enero,   dos reposeras en el hormiguero más antiguo de Junín de los Andes y lo destruyó sólo para que sus padres, dos viejitos arrugados, pudieran descansar   y disfrutar de ese modo de la naturaleza.

 Los dos duendecitos pensaron, para no llenarse de energía negativa, que los dos viejitos y la señora gorda no se dieron   cuenta que con su alegría entristecían a 10 generaciones de hormigas que sintieron lo mismo que sienten los pueblos que son atacados con bombas para la satisfacción de otros pueblos.

Pero lo dejaron ahí y  después de caminar más de 10 kilómetros, se metieron adentro de la mochila del Guarda Parque, sin que se dé cuenta   y cuando decidieron salir, estaban en la casa del  cuidador de la naturaleza que, como estaba tan aburrido como ellos quiso jugar al   Counter Strike, un juego que  a los duendecitos les parecía tan insólito como la señora gorda de la reposera.

Se  treparon a un árbol que se asomaba por la ventana de la casita pero se asustaron cuando el Señor Guarda Parque, gritó: "¡Nooooooooo, mi computadora no andaaaa!" y se cayeron del árbol, con la suerte que justo pasó  Agui Lucho, y los rescató en el aire evitando que sus amigos de la frente picoteada se lastimen más de lo que permite la comunidad del bosque.

 Agui Lucho, los dejó en otro árbol más bajito, porque lo consideró menos peligroso para su salud, y justamente ese árbol daba a la ventana del comedor de la casa del Guarda Parque, que como no podía jugar   a ese juego que los duendes no entendían, se puso a llorar construyendo nuevos lagos para las hormiguitas.

Para no sentirse tan solo puso una reposera en la puerta, un equipo de música en la ventana   y comenzó a escuchar aquel triste tango que lo hacía acordar a su abuela,  que un día desapareció cuando el Guarda Parque era chico, y lo único que le dijeron era que se había ido a vivir a un lugar hermoso lleno de paz, donde la gente es más buena y no quiere lastimar a   nadie, donde  trabajan todos juntos y no compiten para ver quien es mas poderoso.

Se sentía muy solo y los duendecitos se daban cuenta de eso, y trataban de ayudarlo, pidiéndole a las flores que saquen todo su color, a los árboles, que bailen abrazados al viento y a las hormiguitas que descansen en los lagos que el Guarda Parque había creado.

Pero sólo miraba el cielo y no se daba cuenta de que sus amigos de la naturaleza estaban   actuando para él.

Nunca se dio cuenta, nunca. Se levantó, y se fue corriendo a la proveeduría del pueblo a   comprar el diario, porque los libros de su biblioteca se los habían robado unos turistas que se metieron en su casa, la segunda quincena de Enero del año anterior.

No se daba cuanta de nada, y los duendecitos lo esperaron escondidos atrás del árbol, ya no sabían que hacer para que el Guarda Parque deje de estar triste.

Cuando volvió con el diario, se dio cuenta que las noticias nada tenían que ver con su realidad, lo cerró, lo tiró enojado atrás de la cama y   se acostó.

Cuando empezó a soñar, los duendecitos, abrieron la ventana y le pidieron a la Luna que  con su energía ilumine todo el lago.

Lograron que todo sea perfecto, se acercaron al Hombre y le susurraron al oído: " Deberíamos concentrarnos en esa Luz". El Guarda Parque se despertó asustado, se acercó a la ventana y desde ese día   nuca más se sintió solo.

 

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Hola...


hola hija


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